sábado, 5 de mayo de 2012

Dos miradas, un camino.


Dar pasos sueltos por un largo camino.
Camino del caminante, estrecho y resquebrajado;
travesía rocosa revestida de hojas secas y amarillentas...


El caminante mira hacia arriba en su travesía, nunca hacia abajo.


Cada paso se hace raíz en el camino, dejando una huella, arrastrando una sombra. 


El caminante abraza el olor de aquellos árboles que se ven desprendidos de sus historias por un viento juguetón que las lleva a viajar.


Se escuchaban las aves cantando epitafios a aquellas hojas caídas, mientras se pasean sobre el cielo de aquel camino.


Deja atrás astas muertas, apunto de caerse, el crujido  de la fronda que cubre al suelo queda liado con su raciocinio, su oído y su perspicacia.


Se hace breve el trayecto, corto pero difícil para el caminante
tropieza con las barbas de las ramas, pero se levanta y sigue 
esculpiendo y moldeando huellas en la arena.


El caminante sigue a paso ligero la travesía del caudal, el viento silba entre las ramas, arrastrándolas hacia el río.
«Quizá por el cansancio el caminante miraba las ramas danzar con las aguas de aquel caudal cuyo final no alcanzaba el horizonte».


Y confunde la humedad con las gotas de su agobio, se detiene moja sus pies con las turbias aguas que se escabullen entre sus dedos.


Pero planea seguir andando, andando aunque sus pies mojados queden polvorientos y se apeguen a ellos las pequeñas virutas de las hojas que se entrecortan por su debilidad, quiere sentirse libre, y partir de ese camino en el que solo le queda mirar atrás y comenzar su travesía una vez más.

Muchas gracias a mi Emmy hermosa @MisIronias por acompañarme a crear un camino esta madrugada. 


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